En esta oportunidad expondré mi punto de vista sobre los siguientes interrogantes:
¿Qué competencia representan los teléfonos celulares y
otros dispositivos móviles para la autoridad del maestro?
¿Qué atributos
positivos tienen estas tecnologías?
¿Cómo se le
podría sacar más provecho en un sentido curricular?
En esta sociedad de la información, la evolución
tecnológica ha traído un nuevo vocabulario, diferentes formas de servicios y
distintas modalidades educativas. De este modo, las tecnologías de la información
y la comunicación han intervenido en el campo educativo y por ello, se
consideran instrumentos de formación (Salinas, 2008). Haciendo una comparación
entre la realidad de los estudiantes y las actividades de aprendizaje en las
instituciones educativas, se habla de la interactividad y la virtualidad como
experiencias cotidianas de las nuevas generaciones; pero, en el marco educativo
aún se dispone de la clase magistral y los recursos planos y estáticos como
prácticas de enseñanza-aprendizaje. Algunos docentes no han traído al aula
estos recursos como una nueva forma de posibilitar el trabajo colaborativo y el
aprendizaje significativo.
No es un secreto que el surgimiento del uso masivo de
teléfonos celulares inteligentes y otros dispositivos digitales en el aula,
representan para el maestro un gran reto, puesto que estos artefactos además de
ser interactivos, llamativos y altamente actualizados, son muy útiles ante las
expectativas e intereses de los estudiantes. Los atributos positivos que estos
artefactos ofrecen son en gran medida la facilidad para el transporte dado el
tamaño y peso; el uso constante de la cámara para captar momentos relevantes de
su cotidianidad o eventos poco comunes, la descarga de vídeos y música y un
sinnúmero de funciones que están dispersas en otras máquinas. Es así, como en
algunas situaciones se evidencia que los maestros no han sido formados para
asumir este reto (sin desconocer que algunos no pretenden asumirlo). Ante esto
se siente la necesidad de un cambio en los roles de los actores. Este nuevo rol
exige al maestro una capacitación continua que dé respuesta al contexto en el
cual se desenvuelve él, sus estudiantes y el mundo tecnológico, respondiendo
así a las demandas que exige la sociedad cambiante.
Desde el currículo, se debe propender por flexibilizar,
pensar en suprimir la uniformidad, la obligatoriedad de parámetros y procesos;
la implementación en la práctica docente
de las herramientas y recursos TIC, a través de un desarrollo integral de los
mismos y el uso frecuente como eje dinamizador de los ambientes en donde estos
dispositivos digitales sean una herramienta de consulta, de exploración de
intercambio, puesto que las TIC han sido creadas y han evolucionado según los
intereses y necesidades humanas, por lo tanto el estudiante (por ejemplo de
básica primaria de nuestras escuelas oficiales de Colombia) debe recibir la
preparación oportuna para comunicarse en diferentes entornos y de diversas
formas. Es decir, el maestro debe propender por el desarrollo de las
competencias comunicativas de sus educandos de tal modo que sean capaces de
hablar a sus pares frente a frente, escribir una carta para solicitar algún servicio,
exponer a otros sus ideas de manera oral o escrita, pero también abrir su
correo electrónico, escribir un e-mail, o sencillamente usar un programa como skype.

.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario