sábado, 9 de febrero de 2013

El surgimiento del uso masivo de teléfonos celulares inteligentes y otros dispositivos portátiles digitales en el aula.


En esta oportunidad expondré mi punto de vista sobre los siguientes interrogantes:

¿Qué competencia representan los teléfonos celulares y otros dispositivos móviles para la autoridad del maestro? 

 ¿Qué atributos positivos tienen estas tecnologías? 

 ¿Cómo se le podría sacar más provecho en un sentido curricular? 
 
En esta sociedad de la información, la evolución tecnológica ha traído un nuevo vocabulario, diferentes formas de servicios y distintas modalidades educativas. De este modo, las tecnologías de la información y la comunicación han intervenido en el campo educativo y por ello, se consideran instrumentos de formación (Salinas, 2008). Haciendo una comparación entre la realidad de los estudiantes y las actividades de aprendizaje en las instituciones educativas, se habla de la interactividad y la virtualidad como experiencias cotidianas de las nuevas generaciones; pero, en el marco educativo aún se dispone de la clase magistral y los recursos planos y estáticos como prácticas de enseñanza-aprendizaje. Algunos docentes no han traído al aula estos recursos como una nueva forma de posibilitar el trabajo colaborativo y el aprendizaje significativo.
No es un secreto que el surgimiento del uso masivo de teléfonos celulares inteligentes y otros dispositivos digitales en el aula, representan para el maestro un gran reto, puesto que estos artefactos además de ser interactivos, llamativos y altamente actualizados, son muy útiles ante las expectativas e intereses de los estudiantes. Los atributos positivos que estos artefactos ofrecen son en gran medida la facilidad para el transporte dado el tamaño y peso; el uso constante de la cámara para captar momentos relevantes de su cotidianidad o eventos poco comunes, la descarga de vídeos y música y un sinnúmero de funciones que están dispersas en otras máquinas. Es así, como en algunas situaciones se evidencia que los maestros no han sido formados para asumir este reto (sin desconocer que algunos no pretenden asumirlo). Ante esto se siente la necesidad de un cambio en los roles de los actores. Este nuevo rol exige al maestro una capacitación continua que dé respuesta al contexto en el cual se desenvuelve él, sus estudiantes y el mundo tecnológico, respondiendo así a las demandas que exige la sociedad cambiante.
Desde el currículo, se debe propender por flexibilizar, pensar en suprimir la uniformidad, la obligatoriedad de parámetros y procesos; la  implementación en la práctica docente de las herramientas y recursos TIC, a través de un desarrollo integral de los mismos y el uso frecuente como eje dinamizador de los ambientes en donde estos dispositivos digitales sean una herramienta de consulta, de exploración de intercambio, puesto que las TIC han sido creadas y han evolucionado según los intereses y necesidades humanas, por lo tanto el estudiante (por ejemplo de básica primaria de nuestras escuelas oficiales de Colombia) debe recibir la preparación oportuna para comunicarse en diferentes entornos y de diversas formas. Es decir, el maestro debe propender por el desarrollo de las competencias comunicativas de sus educandos de tal modo que sean capaces de hablar a sus pares frente a frente, escribir una carta para solicitar algún servicio, exponer a otros sus ideas de manera oral o escrita, pero también abrir su correo electrónico, escribir un e-mail,  o sencillamente usar un programa como skype.

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